miércoles, 29 de junio de 2016

Vivir a medias.


Hay gente, demasiada gente que cree vivir cuando en realidad sólo habitan un cuerpo, cual marioneta sin voluntad, sin entrañas.
Te levantas cada día, y te encuentras con ese café de siempre, ese saludo a tu vecino, esa conversación hueca para silenciar un silencio incómodo, ese trabajo que ya sólo significa dinero para ti, ese "¡hola! ¿Qué tal te ha ido el día?", el mismo de siempre; y ese tú que se refleja en el espejo, y que a pesar de cambiar con las modas, es el mismo que hace unos cuantos de años. Así día tras día.
Me pregunto que pensaría al vernos alguien que haya muerto, si pudiese vernos, y si pudiese pensar, claro. Por muy maravillosa que sea nuestra vida, probablemente diría, yo lo haría mejor, yo cambiaría cada sueño frustrado (porque aunque digas que no, siempre los hay) por una motivación para seguir adelante.
Son cosas tan fáciles que en nuestra cabeza se vuelven tan difíciles... 
Ese aprender a tocar la guitarra que siempre dejo para mañana, ese "voy a adoptar a un perro, algún día", ese llamar a mi madre más a menudo aunque no la soporte, ese "me gustas, aunque no lo sepas", ese "vete a la mierda, voy a ser más feliz sola/o", esa vuelta al mundo, ese aprender todas y cada una de las constelaciones, ese "te quiero", y ese, y ese y ese.
Pero no te asustes, aún hay tiempo, aunque no siempre lo habrá. 
Lo bueno de la vida es que nos ofrece múltiples oportunidades, tan sólo hay que quemar y volver a empezar, tantas veces como necesites.
¿O es que prefieres seguir viviendo a medias?.


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